jueves, 31 de julio de 2014

Querido Planeta Tierra, querida Sofi!

Mientras escribo desde la oficina, mi compañera Xime escucha Manu Chao. Me gusta mucho.

Hermana, la vida te está sonriendo. Te dibuja una sonrisa de esas amplias, plenas, esas donde la cara no posee ni remotamente la superficie necesaria para explayar el sentimiento de alegría, felicidad, satisfacción.
Este presente tuyo, Sofi, es mágico. Hubieron muchos similares en el pasado y vendrán unos cuántos grandiosos en el futuro, pero éste es especial. Y siento una enorme alegría porque creo que sos consciente de ello. Lo estás saboreando.

Creo que una de las dificultades más grandes del ser humano consiste en tener plena consciencia del momento que está vivenciando. Los segundos y los minutos transcurren casi indiferentes y mayormente lleno de añoranzas hacia un pasado cargado de anécdotas deliciosas, teñidas de colores estridentes y sabores mejorados por el tiempo. 
Ahí estamos a veces: impasibles al espacio que nos toca vivir, dejando que el proceso actual de nuestras vidas se deslice entre nuestros dedos como arena. Las arenas del tiempo.




Por eso creo que sos afortunada y la vida te está sonriendo, Sofi. No sólo porque te toca vivir aventuras únicas y soñadas, no. La vida te está sonriendo porque te está regalando la dicha de ser consciente de ello, en su mismísimo presente.
Hay pocos momentos, creo, donde el ser humano vive inevitablemente la pura consciencia de la dicha presente. Ahora se me ocurre, por ejemplo, en la experiencia de un hijo recién nacido (no Tani?). 

Pero una frase que nos caracteriza en nuestra existencia es: cómo me gustaría volver a tal o cual época de mi vida, para vivirla de otra forma, una forma más lúcida y despierta.... no me daba cuenta que era feliz.

Y no es necesario que el escenario tenga grandes fuegos de artificio para experimentar la sensación del "ser feliz". Ayer fui a cenar con una amiga y me dijo algo así como: estamos siempre buscando nuevas sensaciones, consumiendo esto y aquello, planificando futuros brillantes, pero la verdad, a veces estoy en la cama, con mi pareja al lado, él mirando una peli, yo chequeando algo en la compu y pienso: si me muriera ahora, moriría feliz. Esto es la felicidad para mí.

Buenos Aires hoy está nublada, me quedan tan sólo dos días acá. La verdad, el trabajo se me retrasó mucho viniendo a la oficina. Claramente me concentro más y rindo mejor trabajando desde casa, sumida en mi amada soledad. Fue complicado para mi combinar el trabajo y la vida social. Me quedaron muchos afectos por ver, muchas cosas por hacer y, sin embargo, traté de saborear cada presente, consciente y agradecida. Pero es algo que tengo que entrenar. A veces me olvido.

Dejo una foto del cielo de invierno azul de Buenos Aires, ese cielo del que hablaba el otro día. Una postal que nos brinda esta tierra para vivir el hoy con una sonrisa.  




3 comentarios:

  1. Nunca voy olvidar: tenía 20 años, esperaba el ascensor del edificio donde vivía. En Cádiz. Un viejo que jamás había visto se me para al lado y me dice: " no quieras que el tiempo pase rápido. Disfrutá mucho y disfrutá de tu juventud".
    Uauuu siento que fue hace añares y todavía me siento joven!! Jaja!
    El nacimiento de un bebé es indescriptible. Momento película.

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  2. Gracias Xi! Qué buen consejo, Tani. Yo me acuerdo de una mujer que trabajaba conmigo, que todos los martes me decía en el ascensor: ufff, recién es martes... Y yo pensaba: qué triste querer siempre que sea viernes. Es querer que la vida pase rápido.

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