Planeta Tierra, Sofi, buen día!
Se terminó nomás el Mundial y a mí me agarró depre post
evento. Lo extraño!! Quiero que empiece de nuevo! No voy a hablar del resultado
final, sólo voy a decir que disfruté mucho todo el trayecto, más de lo que lo
hubiera imaginado. Eso creo que ya resume todo.
Me encantó a foto que compartió A. por Whats App. Todos
juntos unidos por una misma causa en distintas partes del mundo!! Pura emoción.
Bueno, te cuento que ayer no pude dar mi presente porque
estuvimos de travesía. Fueron eventos impensados los que llevaron a que los
planes cambien. Nuestro itinerario consistía en un boleto de avión Río Grande –
Buenos Aires para el sábado. Íbamos a ver el partido lejos de la Tierra del Fuego.
Pero, como ya hablamos en otras ocasiones, la naturaleza
tuerce el curso de la vida. No importa cuán planificada esté. La niebla nos dejó
varados con boarding pass en mano, pero sin avión. Éste se fue derechito a
aterrizar en Ushuia, a pesar de no ser este su destino final.
Ya habíamos hecho el pre embarque cuando nos anunciaron que
la cosa andaba retrasada por mal tiempo. Finalmente, un par de horas después,
nos avisaron que ni íbamos a salir.
En el counter nos dieron 2 opciones: o salen de Río Grande
recién el jueves, o lo hacen el lunes desde Ushuaia. Para no retrasarnos,
optamos por viajar por tierra 3 horas hasta Ushuaia y volar desde ahí, lunes
20:30 de la noche.
Tomamos el charter a la mañana, por las dudas. Resulta que la
ruta es un tanto riesgosa, en especial si de pronto llega una tormenta de nieve,
o se produce algún accidente que te deja inmovilizado por horas.
El camino es hermoso, montañoso imponente, y con zona de
precipicio, aunque por suerte la ruta no es angosta.
Es un trayecto que recomiendo profundamente. Te saca la
respiración y provoca ese tipo de sensaciones que no tienen muchas palabras
apropiadas para describirlas. Pura belleza imponente.
Llegamos al aeropuerto, despachamos las valijas (por suerte
nos dejaron tan temprano!) y nos fuimos al centro de Ushuaia a almorzar a una
especie de pulpería preciosa, llamada Almacén de Ramos Generales. Me recordó a
un tesoro de Barcelona llamado La Champagneria. Esos lugares cargados de magia,
donde cada cuadro es para la fotografía. El Almacén Ramos Generales es más
bonito, no tan extremo rústico como el bar de Cava de Catalunia, pero la
sensación de estar perdido en un tiempo indeterminado es similar, así como esa
certeza de que en lugares como esos, las conversaciones serán más interesantes,
sin dudas. No voy a describirlo, hay que conocerlo.
Después de comer una buena picada marina con cerveza
artesanal Cape Horn, nos fuimos hacia el Presidio del Fin del Mundo. Debo decir
que quedé bastante impactada. Creo que sentí a los espíritus de los reclusos
respirarme en la nuca. Al petiso orejudo y a uno que no me acuerdo como se
llama, hablarme. En el próximo post te voy a mostrar algunas fotos porque
quiero retomar el tema. El lugar me hizo pensar mucho en los derechos humanos,
en el abuso eurocentrista y en los límites del bien y el mal.
Finalmente llegamos al aeropuerto y 20:30 en punto
despegamos. El avión sobrevoló durante un par de horas una tormenta eléctrica.
En el horizonte y bajo la panza del aparato el cielo negro negro se iluminaba como
fuego por sectores y a una velocidad
increíble. En esos casos siempre hay tres opciones: La indiferencia (por miedo
oculto?), morirse de miedo, o disfrutar del espectáculo (vale que sea con un
poco de cosita).
Naturaleza fascinante.
Ser humano fascinante, sobrevolando los cielos.
Este pareció un post clásico de viaje, pero en realidad quería
dejar mi “moraleja”: no te aflijas ante lo inesperado, porque algo bueno puedo
pasar: lo inesperado.




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