martes, 15 de julio de 2014

Lo inesperado...

Planeta Tierra, Sofi, buen día!

Se terminó nomás el Mundial y a mí me agarró depre post evento. Lo extraño!! Quiero que empiece de nuevo! No voy a hablar del resultado final, sólo voy a decir que disfruté mucho todo el trayecto, más de lo que lo hubiera imaginado. Eso creo que ya resume todo.
Me encantó a foto que compartió A. por Whats App. Todos juntos unidos por una misma causa en distintas partes del mundo!! Pura emoción.

Bueno, te cuento que ayer no pude dar mi presente porque estuvimos de travesía. Fueron eventos impensados los que llevaron a que los planes cambien. Nuestro itinerario consistía en un boleto de avión Río Grande – Buenos Aires para el sábado. Íbamos a ver el partido lejos de la Tierra del Fuego.

Pero, como ya hablamos en otras ocasiones, la naturaleza tuerce el curso de la vida. No importa cuán planificada esté. La niebla nos dejó varados con boarding pass en mano, pero sin avión. Éste se fue derechito a aterrizar en Ushuia, a pesar de no ser este su destino final.
Ya habíamos hecho el pre embarque cuando nos anunciaron que la cosa andaba retrasada por mal tiempo. Finalmente, un par de horas después, nos avisaron que ni íbamos a salir.
En el counter nos dieron 2 opciones: o salen de Río Grande recién el jueves, o lo hacen el lunes desde Ushuaia. Para no retrasarnos, optamos por viajar por tierra 3 horas hasta Ushuaia y volar desde ahí, lunes 20:30 de la noche.
Tomamos el charter a la mañana, por las dudas. Resulta que la ruta es un tanto riesgosa, en especial si de pronto llega una tormenta de nieve, o se produce algún accidente que te deja inmovilizado por horas.
El camino es hermoso, montañoso imponente, y con zona de precipicio, aunque por suerte la ruta no es angosta.

Es un trayecto que recomiendo profundamente. Te saca la respiración y provoca ese tipo de sensaciones que no tienen muchas palabras apropiadas para describirlas. Pura belleza imponente.

Llegamos al aeropuerto, despachamos las valijas (por suerte nos dejaron tan temprano!) y nos fuimos al centro de Ushuaia a almorzar a una especie de pulpería preciosa, llamada Almacén de Ramos Generales. Me recordó a un tesoro de Barcelona llamado La Champagneria. Esos lugares cargados de magia, donde cada cuadro es para la fotografía. El Almacén Ramos Generales es más bonito, no tan extremo rústico como el bar de Cava de Catalunia, pero la sensación de estar perdido en un tiempo indeterminado es similar, así como esa certeza de que en lugares como esos, las conversaciones serán más interesantes, sin dudas. No voy a describirlo, hay que conocerlo.






Después de comer una buena picada marina con cerveza artesanal Cape Horn, nos fuimos hacia el Presidio del Fin del Mundo. Debo decir que quedé bastante impactada. Creo que sentí a los espíritus de los reclusos respirarme en la nuca. Al petiso orejudo y a uno que no me acuerdo como se llama, hablarme. En el próximo post te voy a mostrar algunas fotos porque quiero retomar el tema. El lugar me hizo pensar mucho en los derechos humanos, en el abuso eurocentrista y en los límites del bien y el mal.

Finalmente llegamos al aeropuerto y 20:30 en punto despegamos. El avión sobrevoló durante un par de horas una tormenta eléctrica. En el horizonte y bajo la panza del aparato el cielo negro negro se iluminaba como fuego  por sectores y a una velocidad increíble. En esos casos siempre hay tres opciones: La indiferencia (por miedo oculto?), morirse de miedo, o disfrutar del espectáculo (vale que sea con un poco de cosita).

Naturaleza fascinante.
Ser humano fascinante, sobrevolando los cielos.



Este pareció un post clásico de viaje, pero en realidad quería dejar mi “moraleja”: no te aflijas ante lo inesperado, porque algo bueno puedo pasar: lo inesperado. 

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