lunes, 4 de agosto de 2014

Volar

Planeta Tierra, Sofi...buenas tardes!

Pancha quedó hermosa, Sofi. Y amo que se llame Pancha! La técnica es muy buena. Como siempre, te pasaste.

Acá estoy nuevamente en el fin del mundo.
Mientras leo libros pendientes de evaluación editorial, estoy tratando de bajar las fotos que estuve sacando durante las últimas semanas. La tarea se me complicó debido a que no me funciona la lectora externa. Más tarde voy a probar desde la laptop de F. Mi idea era hablar sobre un tema que tengo pendiente, que me marcó profundamente en el viaje de ida. Cuando tenga las imágenes disponibles, llegarán mis palabras al respecto.

Mientras tanto voy a compartir mis sensaciones de las últimas horas. La más importante: estoy feliz de haber vuelto. Claro que disfruté mucho mis días en Buenos Aires, en especial en lo social. Sin embargo, la cantidad de trabajo dificultó un tanto esos momentos. Me hubiera gustado compartir mucho más con mis amigos y familia.

Bueno, acá estoy, en pantuflas y con mi gata al lado, con todo ese trabajo pendiente, pero con una tranquilidad que me puede brindar sólo esta soledad.

En el camino de regreso a estas tierras, ahí, desde las alturas, pensaba en los sueños más antiguos de la humanidad. 
Volar debe estar sin dudas en el top five. Y ahí estaba yo una vez más diciéndome "qué maravilla! Cómo es que vuela un avión?" Y pensaba en que para todo, desde probar que un avión vuele o tirarse un clavado desde muchos metros de altura a aguas engañosas, para todo hay una primera vez. Alguien tiene que haberse arriesgado sin saber cuáles serían las consecuencias. 





Mi primera sensación arriba de este último viaje fue la clásica adrenalina del despegue, la segunda el sol que surgió magnifico después de las densas nubes (en el avión no hay días feos), y más tarde fue ansiedad.
Resulta que no podíamos aterrizar, el aeropuerto estaba cerrado. "Lo permitido para un aterrizaje son 1200 metros de visibilidad y sólo hay 800", dijo el capitán y anunció que íbamos a dar círculos en el aire a la espera de que mejoraran las condiciones y habilitaran el aeropuerto; caso contrario, nos informaría cómo íbamos a proseguir. 
Toda la maravilla del volar se me esfumó en un segundo. Fue muy extraño. El avión estaba como dormido. Literalmente. Apenas hacia ruido y no se movía en absoluto. Ni una sola turbulencia. El sol en el horizonte aparecía y desaparecía, lo que me daba la pauta de que efectivamente estábamos volando en círculos. Y ni una palabra del comandante.
Supongo que hay un modo de ahorrar nafta al máximo y que por eso estábamos como planeando. Sin embargo, después de media hora, no pude evitar sentirme nerviosa. Es que no calculan bastante justo el tema del combustible?
Por fin el buen hombre anunció "que las condiciones mejoraron un poco" y que íbamos a descender en Río Grande. 
Todos aplaudieron contentos. Sinceramente creo que ya no quedaba nafta y había que bajar. Esas cosas se deben decidir en un segundo, no queda otra. La realidad es que no se veía un pomo.

El aterrizaje fue perfecto, me olvidé de todo, y recuperé en un segundo mi pasión por volar.

Me voy volando al Rapid Pago antes que cierre y te dejo un tema (y video) de Pink Floyd, sin Roger, que me viene siempre a la mente cuando estoy por los aires.


Beso!

2 comentarios:

  1. Cari, tu abuelo materno hizo su primer "vuelo" tirandose con paraguas desde el techo de su casa antes de convertirse efectivamente en piloto!

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  2. Ese es el espíritu de los que se lanzan a lo desconocido!!

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