Buenas tardes a todos!
Acá, en Río Grande, el clima está muy cambiante y no hace mucho frío. Unos 8 grados, calculo. Me gusta!
Hoy quiero compartir la segunda parte de la visita al presidio del fin del Mundo. La parte bella.
Y mirá qué loca que es la vida que, a pesar de estar separadas por tantos miles de kilómetros, un precioso animal resultó ser central en nuestras experiencias. Me refiero al pingüino. A la familia lejana de Wanda, Moses y sus hermanos africanos.
Resulta que no todo en la cárcel que visitamos es escalofriante. Un grupo de artistas decidió intervenir un sector del penal y otorgarle una nueva energía: la positiva, la creativa, la de la naturaleza y la vida.
En un ala, tomaron cada una de las habitaciones, antes destinadas a los presos, y las convirtieron en pequeños espacios de arte. Lo mismo hicieron con el pasillo, combinando diversas técnicas y estilos. Y el tema? Nuestros amigos los pingüinos! Las fotos que les dejo hablan por sí mismas: hay esculturas, origami,cuadros, objetos... y todo gira en torno a nuestros bellos amiguitos vestidos de traje.
Fue una sensación bellísima hallar este museo colorido después de largos minutos de penumbra y desolación.
Y el mensaje es profundo y hermoso: todos los espacios, con toda su carga histórica y su rastro sufrido, pueden transformarse en esperanza, belleza, alegría y ser símbolo de una mejor vida en la Tierra.
Aplausos a todos los que encaran estas mágicas iniciativas.
Soñemos en colores.






Simplemente hermoso! Gracias Cari!
ResponderBorrarDe nada <3! Fue una bella experiencia!
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